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miércoles, 20 de febrero de 2013

Una murga de Diablos que andan volando


Los Diablos Verdes repitieron las bondades de un espectáculo que está para definir la categoría. Parodistas Aristophanes demostró que posee las mejores parodias y la creación más fresca y conmovedora de su categoría. Humoristas C4 fue el show de Cucusú, y la revista La Compañía mostró un divorcio entre bailes y un texto irregular.

GUSTAVO TRINIDAD

Fotos Gentileza de José Luis Arijon - Carnaval En Fotos

La murga Diablos Verdes –nacida en La Teja hace 74 años– confirmó en su función en la segunda rueda del Teatro de Verano su condición de candidata a obtener el premio de la categoría.
Lamentablemente esa confusión de algunos hinchas de la murga, que se comportan como hinchada de fútbol y vociferan durante todo el espectáculo, incluso en momentos donde un solista se dispone a lanzar la voz y crear un clima especial, atentó contra el disfrute pleno de un coro que es un deleite escuchar. Sobre la despedida también molestó, y hasta Fernando de León –a cargo del redoblante– debió hacer un gesto para que algunos hinchas, que no comprenden que se trata de un espectáculo, aflojaran un poco con la arenga.
Los Diablos, que tienen como eje del espectáculo el vuelo de un avión a la deriva, hacen reír cantando: una cualidad esencial en las murgas. Tienen un excelente salpicón y es muy interesante el sentido común con que la murga aborda el tema de la legalización de la venta de marihuana. Otra secuencia donde puesta y texto alcanzan alto nivel es cuando el avión parece caer a pique y la murga se enfrenta a la posibilidad de la muerte y ve así el sinsentido de la vida contemporánea.
El jocoso personaje que interpreta Christian Font, el rabí “Ya varrancar”, pareció algo afectado por una agitada respiración que a veces no ayudó a comprender lo que cantaba. Exceptuando ese pasaje, el espectáculo divirtió, atrapó e hizo reír.
El director escénico, Sergio Ribero, hizo gala de una refinada estética en su proxemia. El coro es de lo mejor de la murga y su canto hipnotiza y puede ir de sutiles tonos a complejos arreglos y superposiciones de planos. Las notables composiciones están a cargo de Eduardo “Pitufo” Lombardo. La batería sonó en forma notable.
La murga fue sancionada con la quita de seis puntos por haber subido a escena en la primera rueda con un integrante no registrado, lo que a la hora de definir con Asaltantes con Patente y La Gran Muñeca puede ser vital. Pero, más allá del Concurso, la murga del desaparecido Antonio Iglesias tiene un excelente año.

Los parodistas Aristophanes tienen el espectáculo mejor escrito y pensado de su categoría. Pero como no cubren rubros como escenografía, bailes y vestuario, no se sabe siquiera si pasarán a la Liguilla. Ayer bajaron tarde del escenario y sufrieron una quita de cinco puntos, lo que no ayuda a que el mejor espectáculo de parodismo pase la tercera instancia del Concurso.
La idea de incluir fotos personales con diferentes momentos de la vida de sus integrantes –que son narrados en primera persona y que sutilmente comentan la trama de lo que se está viendo o de lo que va a venir– es notable. Da un convencimiento inusual para la categoría, conmueve y no por eso deja de tener su necesaria cuota de humor. El grupo se ríe del pretendido glamour de los parodistas y de los clichés de la categoría. Las parodias “Antes de partir” donde dos enfermos terminales buscan cumplir una lista de cosas y “Canillita” de Florencio Sánchez, que muestra la total vigencia de esta obra teatral escrita en 1902, sobre el tema del trabajo infantil y la violencia doméstica, están muy bien adaptadas y actuadas por estos jóvenes que nacieron como grupo de teatro y ofrecen una opción diferente de parodismo. Nada más ni nada menos.

Los humoristas C4 se transformaron en el show de Walter “Cucusú” Brylka. En efecto, Brylka desplegó en esta segunda función en el Teatro de Verano todo su arte. Su manejo de tonos, tiempos escénicos, su gestualidad, hicieron reír a toda la platea, más allá de debilidades textuales. El personaje de “Gayman”, que fue acusado de homofobia, terminó ganando una masiva popularidad carnavalera. Situación a la que Cucusú le sacó todo el jugo posible. Sobre el final se paseó con la bandera de la diversidad.
Está claro que el Carnaval nació como fiesta pagana a la que no hay que decirle qué puede o no puede criticar, ni qué puede o no puede satirizar. Hecha esta salvedad, vale decir que el estilo de humor de C4, con chistes sobre gordos que se visten de mujer dejando la panza al aire, por ejemplo, parece de otra época. Su pasaje a la Liguilla es poco probable.

La revista La Compañía adolece de lo que toda la categoría este año: el divorcio escénico entre la actuación y los textos. Las coreografías de Gustavo Pérez son interesantes y están bien ejecutadas por el cuerpo de baile. La adaptación de “Doña Flor y sus dos maridos” tiene momentos buenos y de los otros. Está convincente la actuación de Lucía Rodríguez como “doña Flor” no así la de Leonardo Rodríguez que como “Vadinho” debería aparecer más contundente por la personalidad del personaje, cosa que se nota también en la energía de los desplazamientos.
En un año irregular para la categoría que no tiene favoritos, La Compañía parece ganarse un lugar en la Liguilla

Murga de niños en La Teja
Diablos Verdes nació en 1939, en La Teja, en Dionisio Coronel, entre Real y Carlos Tellier. Nació como murga de niños y su nombre se debe a doña Carlota, una vecina. Recorrían el barrio con canciones creadas por ellos mismos. Luego los niños crecieron y la murga fue de hombres.
En 1946 fue su debut en el Concurso Oficial con Rufino Cejas como director responsable. Tuvieron una mención especial.
En 1947 y 1948, Santiago Campos fue su director y en 1949 por primera vez Antonio Iglesias registró su firma al frente de la murga.
En 1959 ganó el primer premio y también en 1961, 1965, 1981, 1999, 2001 y 2003. Su apodo de murga “consecuente” refiere a su postura histórica cerca del pueblo y su resistencia durante la dictadura militar.


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Fuente.- La República

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