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lunes, 3 de diciembre de 2012

El candombe cruza el charco


Factor de visualización afro en Argentina

El ritmo afrouruguayo se afianza en Argentina, que ya cuenta con sus propias Llamadas. Cerca de 60 comparsas desfilan tanto en capital como en el interior.



Son las cuatro de la tarde del sábado y, hasta entrada la noche, 29 comparsas con cuerdas de hasta 60 tambores toman por asalto la calle Defensa y se expresan por Parque Lezama. Es la Llamada del Lindo Quilombo, conocida como el desfile independiente. No hay vallados, sólo una fiesta en la calle que convoca a familiares, vecinos, turistas y este año cuenta con la presencia legitimadora de la comparsa Zumbaé de Montevideo.
El chico, el repique y el piano se escuchan cada vez más en la vecina orilla. Las calles empedradas del barrio de San Telmo y otros espacios públicos de Argentina son escenario habitual de comparsas que se reúnen los fines de semana. Llegados con la inmigración uruguaya de la década del `80, los primeros grupos de candombe argentino comenzaron a surgir a finales de los `90 y a partir del siglo XXI configuraron un expansivo y vertiginoso fenómeno que ya ha llegado a las provincias y con el que uruguayos y argentinos quieren vibrar.
Por Defensa desfila el afrouruguayo Carlos Álvarez, referente de la Agrupación Xangó que agrupa a argentinos, brasileños y uruguayos para la inclusión social y cultural de los afrodescendientes en el vecino país. Oriundo del barrio montevideano de Palermo, aunque actualmente reside en Buenos Aires, desfila desde 1997 en las Llamadas uruguayas donde este 2012 ganó el premio a Mejor Bailarín como integrante de la comparsa Sinfonía de Ansina. "Me enorgullece poder bailar el candombe en las calles de Buenos Aires porque tiene que ver con reproducir mi cultura desde el corazón, desde la danza, con el cuerpo", señala. Para él, el baile es tan importante como el toque de la cuerda y le significa en lo personal una lucha contra el machismo; de hecho, aclara que una de las características de las comparsas en Argentina es "la gran presencia de mujeres que tocan".
Dos ejemplos son Iyá-Kerere, de La Boca, y Mwabamke-Mbe, de La Plata. Ambas cuerdas femeninas formaron parte de Lindo Quilombo, la Llamada no oficial surgida en reclamo de mayor fomento cultural y que se realiza en oposición al desfile que el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires organiza desde 2006. La edición 2012 de esta "Llamada oficial" se realizó ayer con la participación de 16 comparsas. No obstante, hasta el momento el carnaval porteño no incluye candombe.
"En Buenos Aires no hay concurso ni premio; se desfila por amor al arte", explica a Domingo Sebastián Bagnasco, director de Bantú, una cuerda lubola binacional que se identifica "con el sonido más guerrero de Ansina" y que todos los fines de semana se reúne a tocar en la costanera de la localidad bonaerense de Vicente López, esperando que el sonido cruce el Río de la Plata y llegue hasta Uruguay. "Elegimos una interpretación más guerrera porque queríamos tratar de que nos escuchen del otro lado", cuenta Bagnasco y es que en las comparsas "siempre hay algún uruguayo metido".
En Bantú hay uruguayos, hijos de uruguayos y hasta nietos de uruguayos. El componente afro no es significativo pero intentan que su candombe transmita la tradición de la música de raíz negra. "El candombe no tiene color ni bandera, se vive como un festejo y con el respeto que merece un ritmo que viene de los esclavos. Por eso esperamos que el año que viene los directores de todas las comparsas podamos unificar las dos llamadas, para que lo único que le pidamos al gobierno de la Ciudad sean los permisos", destaca el líder de la comparsa que fue pionera en tocar en el Teatro Colón.

ORÍGENES. Entre los uruguayos que sentaron las bases de la movida argentina se encuentran los hermanos Diego y Javier Bonga, directores de la escuela de candombe que lleva su apellido. Su agrupación cultural del barrio Montserrat lucha desde 1989 por "reafirmar los compromisos de ciudadanía y reinserción de la población negra", castigada por el paradigma de un país blanco y europeo.
En 1996 uno de sus fundadores, José Delfín Acosta Martínez, fue asesinado a golpes dentro de una comisaría por salir en defensa de dos afrobrasileños que estaban siendo hostigados por policías en la calle. Este hecho, aunque llegó a la Corte Interamericana de Derechos Humanos, aún hoy sigue impune y el 13 de diciembre de 1998 motivó un gran desfile por el barrio de San Telmo denominado "Homenaje a la Memoria", con la cantidad inusual de unos 100 tambores. Tal evento fue el origen de las comparsas en Argentina, según marcan los investigadores Alejandro Frigerio y Eva Lamborghini en su trabajo Encontrarse, compartir, resistir: Una "nueva construcción" del candombe (afro)uruguayo en Buenos Aires.
Otro precursor es Claudio "Artigas" Martirena, quien tocaba el chico en Morenada y se quedó en Buenos Aires al conocer al amor de su vida un día de 1982, tras un festival de candombe en el estadio Obras Sanitarias. Hace 12 años, en el corazón del arrabal porteño, fundó Lonjas de San Telmo, que en marzo pasado a pedido de los presos uruguayos tocó en el primer carnaval festejado dentro de una cárcel de América Latina: el Penal de Ezeiza.

RECELO. "Todos los que han cruzado a Argentina fueron a vender. El candombe es uruguayo y se acabó", dice Waldemar "Cachila" Silva, director de la comparsa C1080. "No me interesa qué hacen en otros lados porque respeto el candombe y eso es de acá, del barrio", agrega en la sede de Carlos Gardel y Cuareim.
No obstante, el antropólogo y músico uruguayo Luis Ferreira, hoy radicado en Argentina, afirma que no hay que pensar en cortes estereotipados de lo que es y de lo que no es el candombe, ya que es un término que aparece en la historia de ambas márgenes del estuario del Plata y hasta está presente en la parte brasileña de Minas Gerais. "Popularmente está asociado a ciertas maneras de hacer música y a ciertos patrones musicales identificados con la combinación de los tambores chico, repique y piano más el toque de la madera, que son los elementos centrales en la cultura musical afrouruguaya. Pero (el término candombe) también denominaba a los rituales de las sociedades africanas a mediados del siglo XIX en Buenos Aires y Montevideo", explica y agrega que en Argentina convoca a jóvenes de sectores populares y medios, cuya atención se fija en el formato del desfile de Llamadas. "Se trata de participar de esta percusión que es muy fuerte a nivel de la emoción, muy sofisticada en lo musical y en el movimiento corporal, y que posibilita las identificaciones afro", dice. La pregunta que surge, señala, es "si lograrán desarrollar un candombe más argentinizado sin perder las raíces afrouruguayas", y recuerda que así como hay reggae argentino sin que por ello se desconozca su origen en Jamaica, lo mismo "podría tender a hacer el candombe".

LEGITIMIDAD. Que existan talleres dictados por maestros uruguayos, reconocer el sonido como parte de barrios tradicionales montevideanos y participar de las Llamadas en Uruguay son parte de esa búsqueda de legitimación que tiene hoy el candombe en la vecina orilla, opina Ferreira.
A modo de "ritual de iniciación", estos jóvenes argentinos se someten a tocar una hora y media en los clásicos desfiles por Carlos Gardel e Isla de Flores. Asimismo, esas reconocidas raíces uruguayas se mezclan en Argentina con nuevas concepciones sobre la práctica, especialmente en lo que refiere a una organización con menor rigidez jerárquica, en donde también hay espacio para la reivindicación de la invisibilizada tradición afroargentina (ver nota aparte).
Ricardo Martínez tiene 60 años, es argentino descendiente de caboverdianos, vive en la localidad bonaerense de Ensenada y es conocido como "El Rey" debido a la interpretación que realiza de esa figura presente en el candombe intramuros de la vecina orilla. Martínez integra La Cuerda, una comparsa nacida hace 12 años en La Plata que todos los 25 de Mayo participa de una gran Llamada (no oficial) en la capital de la Provinicia de Buenos Aires y también asiste a movidas de candombe en Córdoba, Catamarca, Salta y Entre Ríos.
"Las comparsas de candombe uruguayo no tienen al Rey, pero esta es una comparsa argentina. Hay mucho desconocimiento de la historia y de la realidad negra en nuestro país, estamos muy atrasados respecto de Uruguay y la figura del rey se motiva en una prohibición de 1827 sobre las diferentes sociedades negras que se habían conformado de acuerdo a grupos de procedencia y en donde cada una tenía un rey. Eran sociedades de fomento en las que se juntaba el dinero para comprar libertades o ayudar a los enfermos. La prohibición de los reyes viene porque tras las invasiones inglesas la alta sociedad le temía a los negros y a que sus reyes pudieran detentar algún poder real", comenta con orgullo Martínez.
De hecho, los dejos del candombe afroargentino se pueden encontrar en las murgas porteñas, así como la tradición del candombe afrouruguayo está en Argentina. Ya no hay fronteras.

Historia de cadenas y esfuerzo que se transforma en expresión

"Es imposible pensar en la historia de América sin la presencia del negro", advierte el investigador Tomás Olivera Chirimiri. La llegada de la población africana al continente comenzó en el siglo XVI, con la trata de esclavos. Si bien al poco tiempo ya se instalaron negros en lo que hoy es Uruguay, los primeros barcos provenientes de África que arriban directamente a esta zona lo hacen entre 1750 y 1760. Arrancados de su suelo, destratados y sin pertenencias, "los negros se las ingeniaron para reproducir el sonido de los tambores típico de su tierra", comenta Olivera Chirimiri. Así surge el candombe. En 1760 participan de la ceremonia de Corpus Christi. Pero el auge de este estilo musical se da entre 1800 y 1850. En este período, la tercera parte de la población era negra. Es una etapa marcada por revueltas independentistas y por el proceso de abolición de la esclavitud. En ese esplendor surgen los clubes de candombe que se destinan específicamente a esta expresión cultural. Estos centros serán clausurados en la segunda mitad del siglo XIX y con su cierre pierde vigor el ritmo. La mayoría de los nacidos en África mueren por edad o por su participación en las guerras. En 1870 el candombe ingresa al carnaval y "pierde su tradición original", explica el investigador. Durante el siglo XX y lo que va del XXI, diferentes artes adoptan esta expresión cultural. A las tres figuras clásicas (mama vieja, gramillero y escobero) se le suma la vedette. Los toques de Llamadas que se realizaban entre barrios se oficializan en 1956. Cincuenta años después se declara al 3 de diciembre como el Día Nacional del Candombe, en conmemoración del toque de tambores espontáneo que surgió en 1978 en reclamo por la demolición del conventillo Medio Mundo, realizada por la dictadura. En 2009, la Unesco lo declara Patrimonio Cultural de la Humanidad.

HISTORIA
NORMAS Y PASADO QUE EXIGE

María Remedios del Valle perdió a toda su familia en los combates de la gesta independentista. Ella sobrevivió por su destreza, fue nombrada por Manuel Belgrano "capitana" y "Madre de la Patria". En homenaje a esta mujer afrodescendiente, desde el año pasado el 11 de octubre es el Día de la Cultura Afroargentina en la Provincia de Buenos Aires. Con el objetivo de alcanzar una normativa nacional, la semana pasada ingresó a la Cámara Baja del Congreso argentino un proyecto de ley que pretende declarar al 8 de noviembre -fecha de fallecimiento de esta luchadora- como el Día Nacional de los Afroargentinos. En la vecina orilla la corona española prohibió el candombe en 1716. Desde entonces la cultura afro se conservó puertas adentro, en la oscuridad. Con su invisibilidad también desaparecieron los afrodescendientes y, a diferencia de Uruguay, el candombe agonizó. La participación de los "negros" en las sucesivas guerras de los siglos XVIII y XIX, en especial la del Paraguay (1865-1870), fue uno de los motivos por los que disminuyó este colectivo. La fiebre amarilla de 1871, junto a otras epidemias, barrió a gran parte de los afrodescendientes sobrevivientes. Y, por si fuera poco, hubo un cambio de conducta colectivo "por la denigración", dice el investigador Tomás Olivera Chirimiri. "Los negros acostumbraban a tener muchos hijos, pero en el siglo XIX empiezan a tener menos para que no sufran". Pasaron unos 250 años del decreto español hasta que se reavivó la llama de este ritmo, gracias a la influencia de la migración afrouruguaya. Recién en 2010, Argentina incluyó por primera vez en más de 120 años la variable afrodescendiente en su censo. Los guarismos indican que hay 149.493 personas de ascendencia afro (0,4% de la población total). De ellos, unos 2.500 son uruguayos. En la actualidad, dicen los participantes, el candombe uruguayo practicado en Argentina es una herramienta de visualización y promoción.

EL CANDOMBE EN ARGENTINA, SEGÚN LA MIRADA EXPERTA

"El candombe significa mi vida, porque me siento hijo suyo. Atrás de una comparsa fui pintando cuadros y terminé haciendo una comparsa también de obras mías. Fui a todos los países donde la negritud tenía presencia; (por eso) que el candombe uruguayo tenga repercusión en Argentina me hace muy feliz". Carlos Páez Vilaró.

"Romper con la tradición del candombe es imposible. Hoy para poder sobresalir en algo inventan cualquier disparate. Los que instalan el candombe en Argentina están vendiendo la tradición. En Argentina ni siquiera había negros. No está el barrio ni la familia de candombe". Waldemar Silva, director de C1080.

"El candombe para los afroargentinos es salud y futuro, homenaje a esos negros que vinieron con las cadenas y cuyos esfuerzos han hecho que la Argentina sea libre. Esa ofrenda fue de la mano de una cultura que tiene poesía, música y sobre todo candombe; una clave que dice tantas cosas y que llena tantos corazones". Ricardo Martínez, afroargentino de Agrupación La Cabunda.

"El candombe es Patrimonio de la Humanidad y como tal no es exclusivo de una nación. Reconocemos que nació en Montevideo pero creemos que también puede ser rioplatense. Las identidades no son estancas y el ser afrodescendiente tampoco lo es". Carlos Álvarez, afrouruguayo en Argentina de la agrupación Xangó.


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Fuente.- El País Digital

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