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domingo, 23 de diciembre de 2012

Como fue la Fiesta en las Canteras


La variedad hizo la fiesta y el clima acompañó

Ruben Rada, Jaime Roos y Buitres lograron una convocatoria cercana a las 30.000 personas en las canteras

El País - ALEJANDRA VOLPI


A pesar del alerta meteorológico que anunciaba vientos fuertes, el festival en las canteras del Parque Rodó se realizó en óptimas condiciones, el miércoles pasado, para miles de personas.
Aunque el título del festival era La conexión hace la fiesta en alusión a sus patrocinadores (Antel y Nokia), lo que más estuvo presente arriba y abajo del monumental escenario era la diversidad.
Cerca de 30.000 personas se acercaron a las canteras del Parque Rodó para disfrutar de los artistas más populares del país. Ruben Rada abrió el espectáculo con un repertorio que abarcó varias décadas de su carrera, apoyándose en El álbum negro y con el sol todavía en alto.
Sus hijos Lucila y Matías se integraron a la banda, mientras que Julieta lo vio ubicada en un sector especial para invitados.
El artista destacó la importancia de juntar esa noche a "tres grupos veteranos que tienen más de 20 y 30 años tocando en vivo" y se despachó con uno de sus grandes clásicos: el candombe Ayer te vi, presentado como "Yerterday I saw you" en "la ciudad más linda del mundo" y de cara a un atardecer cinematográfico.
Rada se colgó el tambor repique, tocó las congas, bailó por todo el palco y entretuvo con su veta de comediante, al decir, entre otras cosas que dedicaba Malísimo (una de las canciones más imponentes de su discografía) a todas las mujeres que lo amaron. El candombe dominó sus sesenta minutos de actuación, sin dejar afuera Blumana, Dedos de Totem, Terapia de murga y Muriendo de plena.
Público y artista lograron buena conexión y el ambiente era, a esa altura, sobre todo familiar.

Jaime Roos comenzó la presentación reducida de 3 Millones a las 22:30 horas cuando varios miles más de personas se agolpaban en el predio a la altura de Bulevar Artigas y Rambla Wilson. Conforme avanzaba la noche el mar de gente se engrosaba y el clima, que en la tarde amenazaba con arruinar el evento, permitió el normal desarrollo del festival producido por Quico Ferrés, el mismo que en noviembre del año próximo volverá a repetir el exitoso formato de La Fiesta de la X o Fiesta Final, también en las canteras, según confió a El País. El show de Roos fue también una fiesta. Sus himnos imbatibles fluyeron uno a uno con la banda que reformuló incorporando a Daniel "Tatita" Márquez en percusión, Guzmán Mendaro en guitarra y Nicolás Grandal en el coro de murga, el sobreprimo que tiene la difícil labor de sustituir al "Zurdo" Bessio.
El músico logró que los 30.000 asistentes corearan sus canciones: El hombre de la calle, De la canilla (esta vez en versión tango), Catalina, Aquello, La del Cheche, Los futuros murguistas, Adiós juventud, Si me voy antes que vos, entre otras.
"Estamos tocando después que un héroe, un ídolo para mí, Ruben Rada, y antes que `Buitres después de la una` que antes fueron Los Estómagos", dijo al dirigirse a la muchedumbre.

Cuando llegó el turno de la banda liderada por Gabriel Peluffo el público al pie del escenario se había renovado y el "pogo" comenzó de forma automática, con chicas subidas a los hombros de sus compañeros, banderas y mayor desenfreno.
Peluffo interpretó parte del repertorio del disco Las canciones son verdad, que acaba de recibir una distinción de Platino por el número de ventas, y cuya primera edición fue distribuida con El País.
En un perfecto equilibrio entre el pasado -llegando a recuperar algunas joyas de Los Estómagos- y el presente, Buitres cerró con gran energía el festival que se extendió más allá de la 1 de la madrugada y terminó coronándose con un breve show de fuegos artificiales.

La puesta en escena fue austera, con una pantalla al fondo y otras dos a los costados, pero el sonido resultó excelente a pesar del viento (débil pero persistente) que en estos casos es un gran enemigo.
Buitres no omitió opinión sobre Rada y Roos, pero en la conferencia de prensa ofrecida días antes ya lo había dicho José "Pepe" Rambao: "este es el mejor reconocimiento para nuestro cuarto de siglo de trayectoria".
Tal como advirtieron previamente, no hubo ningún momento de interacción entre los artistas participantes. En ese sentido, la atención estaba puesta especialmente en el encuentro Rada-Roos, quienes no actuaban en el mismo festival en un espacio abierto al público desde 1995, cuando se inauguró el Punta Shopping.
Según Ferrés, la idea es realizar un espectáculo de estas características como cierre de año de aquí en adelante.
Para Rada lo más atractivo era "mezclar el ganado", refiriéndose a la diversidad de público que atraerían. Y tenía razón. Lo que sucedía bajo el palco también era un show aparte, en continua mutación hasta el final.

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Una fiesta de la realeza musical uruguaya

Rubén Rada, Jaime Roos y Buitres llenaron la rambla del Parque Rodó en el festival La Conexión Hace la Fiesta. Una noche de candombe, murga y rocanrol para todos

El Observador - Gastón González


A las 9 de la noche del jueves, entre la ya familiar nube de mosquitos que molestaron hasta a los artistas, tres de los más emblemáticos exponentes de la música popular de Uruguay se dieron cita en la rambla frente al Club de Golf para un festival histórico: Rubén Rada, Jaime Roos y Buitres llevaron una cantidad de público impresionante y dieron un show que colmó –y superó con creces– las posibles expectativas del recital organizado por Nokia y Antel.
Apenas unos minutos después de la hora pautada, Rubén Rada y su banda subieron al escenario contra un espectacular atardecer y ante un público ya importante para cantar Biafra, un antiguo tema de su grupo Tótem. Desde el principio y a lo largo de un set que recorrió su carrera se vio a un Rada con su talento intacto, la voz en un estado envidiable a sus casi 70 años. “Vamos a tocar los dos temas que tenemos por contrato y nos tomamos los vientos”, dijo, antes de embarcarse en una versión de primera calidad de Ayer te vi.
Respaldado por una banda de un altísimo nivel en la que destacaron los guitarristas, su hijo Matías y Federico Navarro, Rada pidió relajo a un público que recién entraba en calor y entregó versiones espectaculares de Flecha verde y una muy aplaudida Tengo un candombe para Gardel. Luego se calzó el tamboril y puso a bailar junto con sus músicos a una creciente cantidad de personas.
El show fue aumentando en su nivel de rock con Dedos, presentada con justicia, como “un legendario tema de Tótem”, y Malísimo, en la que Navarro y Rada hijo se lucieron con dos solos incendiarios y crearon un verdadero momento mágico, mientras el padre se sacudía como si tuviera 20. Siguieron Terapia de murga y el cierre con Muriendo de plena, con todo el público enganchado al baile. Rada demostró por qué es uno de los artistas más renombrados del país, además de un showman fenomenal.

Un amor clásico



Diez y media comenzó la segunda presentación de la noche –Jaime Roos–, quien se presentó ante los gritos de una cantidad de personas ya impresionante con un “Salud, Montevideo”, antes de comenzar son una versión reducida de su espectáculo 3 millones. Roos abrió con una futbolera Bienvenido, y siguió con Cuando juega Uruguay. “Estamos tocando luego de nuestro héroe, nuestro ídolo, Rubén Rada”, comentó Jaime, dando muestras de que los conflictos del pasado quedaron en eso, en pasado.
Respaldado por un conjunto estelar que incluyó al clan Ibarburu, el guitarrista de Hereford Guzmán Mendaro y un juego de luces que sumó mucho, Roos pasó por una lista que incluyó canciones como Catalina, Las luces del Estadio y Se va la murga. Jaime se mostró de muy buen humor, y la gente acompañó coreando todas las canciones. Levantó mucho El hombre de la calle, que dedicó a Los Traidores, quienes supieron versionarla.
El cierre fue con un fuerte doblete de Adiós juventud, que incluyó el primer mini pogo de la noche, y Despedida del gran Tuleque. La gente explotó al final, y los “Olé, olé” trajeron de nuevo a Roos a escena. “Los Buitres se están maquillando”, bromeó Jaime como explicación de los bises, antes de despacharse con El grito del canilla y Colombina, cantada por todo el amplio público. “Hasta la vista”, tiró uno de los mayores ídolos locales antes de bajarse del escenario en medio de los aplausos.

Pogo de verano



Pocos minutos antes de las 12, la gente, ya constituida en un océano humano pocas veces visto en festivales en la capital, estalló en aplausos y gritos para recibir a Buitres. La banda entró muy enchufada y abrió con No te puedo matar. El pogo se armó de inmediato y fue creciendo en intensidad, a medida que el grupo atravesaba su repertorio a alta velocidad. Desde el primer acorde quedó claro que, junto con Trotsky Vengarán, Buitres es una de las bandas que más despega a la gente del suelo con sus canciones.
La gente festejó y cantó cada clásico: El tercer deseo y A cartas vistas generaron pogos descomunales. La banda visitó su pasado como Los Estómagos en Afuera la lluvia, Avril y Frío oscuro, y también al presente inmediato para La hoja y la flor, de su último trabajo, Bailemos, que fue muy coreada, además de ser la primera bajada de revoluciones. Claro que no duró mucho. El set se compuso más que nada de temas rápidos, cortos y muy potentes. Gabriel Peluffo estuvo muy activo todo el show, y el resto de la banda probó que a Buitres los años no le pesan.
Carretera perdida fue coreada como el clásico nacional que es, y el final con Besos y Cada vez te quiero más parecía ser el broche perfecto, pero el grupo volvió y probó esa frase equivocada. Cadillac solitario y Ojos rojos fueron cantadas por todo el público presente, y el premio al mayor pogo se lo llevó, por supuesto, Buitres.
Puede discutirse que este último tema sea un recurso demasiado recurrente en la banda, pero lo cierto es que no había otra manera de terminar la noche. Un show de tal magnitud, tan representativo de la identidad uruguaya, no podía terminar de otra manera que con esa que todos saben. Los fuegos artificiales del final fueron decorativos. Difícilmente el espectáculo pudiera llegar más alto.



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Fuente.- El País Digital, ElObservador

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